Carlos * se lesionó seriamente en el trabajo un viernes. Se cortó muy gravemente. La herida era profunda y había perdido una gran cantidad de sangre. Carlos, como muchos inmigrantes recién llegados, tenia miedo de ir a la sala de emergencias. Durante ese fin de semana, Carlos se puso cada vez más y más enfermo. Finalmente, el lunes siguiente, fue a La Clínica del Pueblo. Los proveedores de La Clínica descubrieron que tenía una infección muy grave, tendones dañados, y una pérdida de función del brazo. Estaba tan enfermo que si no hubiese ido a La Clínica por antibióticos y el tratamiento médico cuando lo hizo, muy probablemente habría podido morir.

Carlos le tuvo miedo a la sala de emergencias porque sabía que nunca sería capaz de pagar la cuenta que viene con el cuidado medico. Pensando en su familia, y no queriendo aumentar su carga financiera, optó por no recibir el tratamiento urgente que tanto necesitaba. Como muchos inmigrantes, Carlos no tenia seguro medico, era muy pobre y tenia miedo. Afortunadamente, Carlos se animó a venir a la Clínica del Pueblo, un espacio seguro donde recibió atención médica compasiva y culturalmente competente, sin importar su capacidad de pago.